Narcotráfico, Violencia y Muerte Entran a Los Museos y Galerías

 

“Mi obra es un chiste comparado con lo real.

No me interesa ver quién es el malo de la historia,

sino saber dónde estamos parados”

Teresa Margolles

 

La morgue y las salas de disección fueron su primer espacio de trabajo y el lugar donde desarrolló su propuesta con el colectivo SEMEFO a principios de los 90´s, investigando una estética centrada en la “vida del cadáver”, por medio de performances, videos y esculturas. Desde entonces, la artista Teresa Margolles  (Sinaloa, 1963) ha enfocado su obra hacia lo que pasa en la sociedad, las muertes por el narcotráfico o las de los seres anónimos que fallecen en las calles.  Durante más de dos décadas, ha llevado el tema de la muerte a su obra artística, convencida de que esa realidad que se ve en los periódicos debe entrar a los museos
Teresa Margolles trabaja, más que con los restos de los cuerpos, con los rastros de vida que se hacen evidentes en sudarios, en entierros, en la memoria, así como con la manera en que un acto violento destruye y afecta redes humanas en varios niveles.

 

Algunos de los trabajos más importantes que realizó con el colectivo SEMEFO fueron “dermis “ (1995), donde utiliza las sabanas con sangre de un hospital público y “Estudio de la ropa de cadáveres” formado por camisetas sucias y rotas de niños que estuvieron involucrados en accidentes. A partir de su separación del colectivo, Margolles comienza a centrar su obra en la problemática de la violencia derivada del narcotráfico en México. Para la muestra Decálogo, que exhibió en El Eco en el año 2007, escribió en la pared 10 sentencias características del crimen organizado, como: “Para que aprendan a respetar”, “Ver, oír y callar”, “Por hacer una llamada anónima”, “Así sucede cuando piensas o imaginas que mis ojos no te pueden mirar” y exhibió dos brazaletes y un medallón que sólo se distinguían de los que traerían los narcos porque los suyos, en lugar de diamantes, tenían pedazos de vidrio que recogió en escenas del crimen.

 

Una gran polémica se desató cuando, en 2009, Margolles, representó a México en la 53 Bienal de Venecia con su obra ¿De qué otra cosa podríamos hablar? en el Palacio Rota-Ivancich, que data del siglo XVI. Una bandera ensangrentada que representaba la bandera de México daba la bienvenida al espectador. La obra consistió en una instalación donde los pisos del pabellón fueron lavados con una mezcla de agua y sangre de narcoejecuciones una vez al día durante 6 meses para que, al final, el espectador literalmente “pisara” la obra; 10 mil tarjetas para picar cocaína con la imagen de un ejecutado y mantas bordadas con narcomensajes también forman parte de la  propuesta artística de Margolles

 

De extrema contemporaneidad y soportes diversos, la obra de Teresa Margolles no sólo es un testimonio contemporáneo, si no que realmente es una propuesta plástica que se sostiene por sí misma y que nos lleva a la reflexión de nosotros mismos que es lo más difícil de confrontar.

Teresa logra su cometido: la obra entra en nosotros y a su vez nos convertimos en parte de ella. Una sensación de inmensa tristeza, de repudio, odio y dolor profundo nos poseen; quisiéramos salir de ahí, pero desgraciadamente estamos atrapados. El arte es función, pero fuera de ese espacio la realidad es mucho peor.

 

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