El robo de arte, un negocio millonario.

 

Hoy en día las obras de arte encabezan este tipo de operaciones, ya que muchas de ellas no podrían ser comercializadas de otra forma a particulares porque pertenecen a galerías, museos, instituciones, o coleccionistas a los que ninguna suma podría convencerlos de desprenderse de sus piezas.

Los objetos robados, son únicos y exclusivos, muy posiblemente piezas ya catalogadas, así que la única posibilidad de comercializarlas, es a través del mercado negro; los ladrones de arte suelen ser personas con un amplio conocimiento en el campo, que se organizan en grupo reducidos y su gran pericia y movilidad los hace muy difíciles de capturar.  Su modus operandi, consiste en buscar museos, galerías o casas que alberguen colecciones privadas de arte, para estudiar detalladamente todos los movimientos que allí se producen.

Una vez que conocen sus puntos débiles, diseñan una estrategia específica en cada caso, incluso hay reportes de que estas personas se disfrazan de cuidadores, oficiales públicos, o incluso cavan grandes túneles. Una vez que la obra ha sido sustraída, la llevan a un lugar seguro, guardándola en ocasiones por muchos años, hasta que el robo sea olvidado. Luego, las obras comienzan a ser vendidas a los intermediarios, que son personas que saben de su procedencia, pero que también tienen muchos contactos con el mercado del arte, con lo cual tienen facilidad para colocarlas.

Otro tipo de robo frecuente, es el robo por encargo donde el blanco es una obra encargada por alguien; en este caso el pago que se recibe no tiene tanto que ver con la obra en sí misma, sino con el grado de dificultad que exige cada trabajo. Los compradores, suelen ser millonarios coleccionistas de arte, que desean ampliar su colección con obras que serían imposibles de conseguir en el mercado legal.

Las estadísticas nos dicen que las obras más valiosas se trasladan al extranjero, por lo que son más difíciles de encontrar ya que se necesita el apoyo de diferentes autoridades y en el proceso de coordinación, los ladrones ganan tiempo muy valioso que les permite mover la obra a otra ciudad y en algunos casos hasta otro continente.

Los países con la mayor cantidad de obras de arte robadas son Italia, Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, aunque hoy en día está creciendo mucho el mercado de Latinoamérica.

Como ejemplo, uno de los mayores robos de arte del que se tiene noticia es el que ocurrió en el año de 1990: El asalto al Isabella Steward Gadner, de Boston EUA, uno de los museos más exquisitos del mundo, en el que ladrones disfrazados de policías entraron en el museo y robaron 13 obras de arte, valuadas en 500 millones de dólares aproximadamente. Muchas son las teorías que se han manejado, pero lo cierto es que hasta hoy el robo sigue sin resolverse aún cuando el Isabella ha ofrecido recientemente una suma de 5 millones de dólares a quien aporte alguna pista fiable para dar con el paradero de estas obras.

Una vez que conocen sus puntos débiles, diseñan una estrategia específica en cada caso, incluso hay reportes de que estas personas se disfrazan de cuidadores, oficiales públicos, o incluso cavan grandes túneles. Una vez que la obra ha sido sustraída, la llevan a un lugar seguro, guardándola en ocasiones por muchos años, hasta que el robo sea olvidado. Luego, las obras comienzan a ser vendidas a los intermediarios, que son personas que saben de su procedencia, pero que también tienen muchos contactos con el mercado del arte, con lo cual tienen facilidad para colocarlas.

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