El fotógrafo que retrató Guanajuato y a sus muertos


En el año de 1852 en el poblado de Silao, Guanajuato, nació Romualdo García Torres, un gran fotógrafo de su tiempo que plasmó una excelente panorámica del tejido social que caracterizó a Guanajuato a finales del siglo XIX y principios del XX. Su madre lo llevó a la capital del estado, donde ingresó a la Escuela de Artes y Oficios para estudiar pintura y música, convirtiéndose en músico de profesión por algunos años.

Ya en la década de los 80 se inició en la fotografía y a partir de 1887 abrió públicamente su estudio, ubicado en el primer cuadro de la ciudad donde retrató a todos los sectores de la población guanajuatense. Participó en concursos nacionales e internacionales, como el de la Exposición Universal de París en 1889, en el que se otorgó la Medalla de Bronce por su trabajo. Once años después, la misma exposición le entregó dos medallas y dos diplomas y también fue premiado en la ciudad de México y en León, Guanajuato.

Cuando la fotografía comenzó a llegar a poblaciones como Guanajuato, fue posible eternizar las miradas y gestos, la indumentaria, incluso los rasgos de los niños muertos;  a mayor demanda, las placas fotográficas se fueron abaratando y además de los ricos y las clases medias, más tarde los obreros y la servidumbre pudieron tomarse fotos. El fotógrafo de estudio abrió sus puertas al público y así, quien pudiera pagar tendría la posibilidad de mostrar a sus amigos un momento inolvidable y dejar para las generaciones futuras el testimonio de su presencia.

Su trabajo fue mas allá de la labor artesanal ya que, además de imprimir las placas fotográficas, debía integrar a sus clientes en el escenario, proponerles poses y miradas, incluso completar su vestuario, cosa que García Torres logró con gran calidad; esto lo vemos reflejado en cada una de sus imágenes, donde  sus personajes aparecen retratados con extraordinaria naturalidad, sin importar el estrato social al que pertenecían.

La fotografía post mortem se convirtió en una tradición de la clase baja de aquella época y se realizaba con la intención de conservar un recuerdo de los seres queridos. La gente humilde llegaba a los estudios fotográficos con su muertito y la intención de que lo fotografiaran; García Torres era especialista en esta clase de fotografías, pero más específicamente en los angelitosque eran niños muertos que se retrataban vestidos de santos, en brazos de sus familiares, en ocasiones con las manos juntas como si estuvieran orando, o en el caso de los bebes, en el regazo de sus madres o acostados con si durmieran.

Las fotografías de niños muertos de García Torres, han sido objeto de estudio de investigadores internacionales por la cotidianeidad de la muerte en el México revolucionario; el estudio antro-sociológico de estas imágenes han revelado simbolismos utilizados por Romualdo García; el atuendo de santo religioso con el que eran vestidos los acercaba al reino de Dios, y si el niño era fotografiado con los ojos abiertos era debido a que no había sido bautizado y así podría ver la luz del reino de Dios aún con el pecado original.

Elena Poniatowska nos dice de García Torres: «Nos escudriña desde la infancia. Ama a los niños y los retrata como si fueran hombres chiquitos, con su sombrero, su chaleco y su corbata de moño. Los niños muertos lo conmueven. Mira, éste era tu hermanito. La foto es un antídoto contra el olvido de los niños, fácilmente olvidables. ¿Pase con su ‘angelito’! La madre no puede más pero se contiene para no quitarle la gloria a su infantito, para que la aureola de oro y el traje de santidad suba con él al cielo y ella pueda verlo en la noche brillando, una estrella más entre las estrellas. Por lo pronto a su muertito tiene que retratarlo antes de llevarlo a enterrar al Camposanto».

Hoy en día podemos admirar el trabajo de García Torres en la Fototeca Romualdo García, del Museo Regional de Guanajuato Alhóndiga de Granaditas, que se encuentra bajo el resguardo del INAH. La fototeca fue inaugurada en 1993, pero el material fotográfico realizado por Romualdo García fue adquirido en 1975 por José Chávez Morado, entonces Director del Museo Regional. El acervo consta de 35,000 piezas entre negativos y positivos y cubre aproximadamente cien años en imágenes de historia social del Estado de Guanajuato; se le considera uno de los  archivos fotográficos más importantes que sobrevivieron al paso de los años.

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